El sector energético está siendo protagonista los últimos meses ya que, por desgracia y como es habitual, los intereses geopolíticos y económicos mandan por encima de las necesidades de las personas. La volatilidad e inestabilidad en los precios conlleva efectos negativos para el conjunto de la economía y supone una auténtica pesadilla para las familias más vulnerables. En 2021, el IPC del sector de la vivienda, agua, electricidad, gas y otros combustibles aumentó un 23,3%, dificultando el acceso universal a estos bienes y servicios esenciales. Y en 2022, la situación todavía ha empeorado más.

 

El sector eléctrico: mirando un poco atrás

1997 marca un momento decisivo en el sector de la electricidad, puesto que se promueve la ley que liberaliza el mercado eléctrico español y se culmina el proceso de privatización de la empresa pública “Empresa Nacional de Electricidad Sociedad Anónima” (ENDESA). La electricidad pasaba de ser un bien básico a una mercancía, entrando en las lógicas capitalistas de persecución del máximo beneficio.

Esta privatización se vendió como una gran victoria para las consumidoras, puesto que, según los preceptos neoliberales, un escenario de competencia (y no un monopolio estatal) aseguraba un sector eficiente, con un mejor servicio, al precio más competitivo posible.

Pero la realidad ha sido que los precios no han parado de subir desde entonces, llegando sucesivamente a máximos históricos hasta las caóticas cifras actuales. Y la “libre competencia” ha acabado generando, en el estado español, un mercado en el que ENDESA, IBERDROLA y NATURGY se reparten el 90% del pastel.

En paralelo, la ciudadanía ha buscado crear respuestas que sí respondan a sus necesidades y que pongan en el centro las personas y al planeta por encima de los beneficios económicos. Los últimos años han proliferado distintos proyectos cooperativos de generación y consumo de energía renovable con lo que se avanza para recuperar la soberanía energética desde proyectos descentralizados, democráticos y arraigados al territorio. Claros ejemplos de ellos son los casos de GoiEner o Som Energia, con más implantación y recorrido, pero muchos más se están desarrollando. De hecho, a nivel europeo, este tipo de cooperativas llevan muchos años operando. REScoop, una federación europea que agrupa cooperativas ciudadanas de energía consta, actualmente, de casi 2.000 cooperativas socias que representan, conjuntamente, a más de 1,25 millones de personas.

 

El problema del aumento de precios de la electricidad

La subida tan abrupta de precios en el mercado eléctrico de los últimos meses ha tensado, de manera crítica, la tesorería de estos proyectos cooperativos de producción y comercialización de energía renovable. La subida de precios ha hecho aumentar considerablemente la cantidad de dinero que se debe avanzar a diferentes organismos, para poder llevar a cabo su actividad en el mercado eléctrico.

Por un lado, el coste para adquirir energía en el mercado eléctrico se ha incrementado considerablemente y, por lo tanto, la cantidad de dinero que debe adelantarse antes de poder recuperarlo a través de los cobros, se ha disparado. Por otro lado, se han incrementado también las garantías que se deben depositar para comprar la energía (mecanismo requerido por el mercado eléctrico).

Además, una de las medidas del gobierno para mitigar el aumento de la factura de electricidad a los hogares fue la de rebajar el IVA del 21 al 10% y, así, dejar de tratar la electricidad como un bien de lujo. Pero las comercializadoras deben sostener la diferencia del IVA entre la compra y la venta hasta que se compense la diferencia, con el impacto que esto comporta sobre su tesorería.

 

La respuesta desde la economía transformadora y las finanzas cooperativas

Seguramente, los motivos para esta escalada de precios son varios, pero en el fondo, son alertas de un sistema económico basado en la extracción desmesurada de recursos y que se sitúa cada vez más al límite del colapso.

La economía transformadora y las finanzas éticas y cooperativas hace años que trabajan para crear alternativas. En concreto, desde los instrumentos financieros de la economía transformadora como Coop57 se están articulando dos grandes respuestas a esta situación.

Por un lado, se trata de dar respuesta a las necesidades financieras de las entidades. Coop57 ha concedido, los últimos meses, préstamos por un valor de 2’5 millones de euros a GoiEner y Som Energia con el objetivo de dotarlas de la fortaleza financiera necesaria para que puedan seguir desarrollando su actividad de producción y comercialización en el mercado eléctrico. Desde el compromiso político y social, la intercooperación y siendo conscientes que, en momentos de dificultad, es cuando es más necesario que nunca unir esfuerzos.

Por otro lado, Coop57 quiere acompañar aquellos proyectos que trabajen para una transición energética que no perpetúe paradigmas como la acumulación de riqueza y un sistema de producción centralizado, insostenible medioambientalmente, y donde la producción no responde a las demandas de consumo sino a estrategias geopolíticas y de mercado.

A la acción transformadora de la producción descentralizada y del consumo cooperativo y democrático, se le debe sumar la autoproducción y el consumo compartido, la eficiencia y la reducción de consumo, la rehabilitación energética de edificios, la movilidad sostenible, la formación ciudadana y la contribución a la lucha contra la pobreza energética.

Se trata dar respuesta a proyectos de comunidades energéticas ciudadanas. Generar y sostener estructuras de decisión horizontales y colectivas que permitan avanzar hacia una nueva cultura en el uso de la energía y en la profundización de la soberanía energética

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